lunes, 28 de octubre de 2019

Pintadas tempranas


Sí, sé que hace demasiado tiempo que no escribo pero mi disciplina ártabra es realmente rara; en ocasiones soy un estajanovista y en ocasiones parezco la pereza personificada. En este caso la situación es extraña, se escribía y no se publicaba ante la falta de convicción; sí, raro, y mejor dejo estos derroteros que es ponerse demasiado “intensito”…y solo soy millennial según algunas clasificaciones de edades.

Como sabéis, quizá lo recordéis como algo muy lejano, vivo en una pequeña ciudad, aquí en la lejana Artabria; un lugar a donde nos prometerán en breve mejorarnos las comunicaciones con el resto de la península en las próximas semanas (no penséis que tengo alguna fuente secreta de información, es más bien que vienen elecciones y ya sabemos que nos lo prometen siempre… ¡qué originalidad rebosan nuestras potenciales señorías!), un lugar donde los lugares y las ciudades son pequeños y pequeñas, un lugar donde sueles poder ir andando a todos los sitios de tu ciudad/villa/lugar/aldea. Imaginaos cómo será el lugar donde vivo que tengo más información sobre la evolución de la zona anteriormente conocida como Madrid Central o sobre la evolución de manteros y contaminación en Barcelona que sobre qué pasa con los servicios básicos de mi ciudad, así de importante es el lugar donde vivo.

Y en esta situación deben de estar más convecinos míos, superimplicados con la casuística de las dos centralidades patrias; quemando twitter con la contaminación de la metrópoli de la meseta o con la mediterránea, insistiendo en sus conversaciones informales sobre la importancia de que en la ciudad más grande de Castilla circulen más o menos vehículos por su zona central o siendo firmes defensores de los graves problemas que generan los turistas en la gigantesca capital de Cataluña (como veis voy a obviar las revoluciones neoburguesas que disfrutamos estos días), siendo esto último supergrave para todos…creo.

Y digo creo ya que, iba yo desde el barrio en el que resido al barrio en el que trabajo una mañana, peleando contra los bostezos y orgulloso de no tener legaña alguna en mis ojos, cuando vi una pintada; una pintada que decía lo siguiente: “El barrio para quien lo reside, no para quien lo visite” y me quedé KO (es posible que el hecho de que fuesen las 7 de la mañana influyese, ¡qué duda cabe!). Me recordó esa pintada a ciertas pintadas vistas en alguna metrópoli donde se decía “El turismo es terrorismo”, o situaciones donde los residentes de dicha metrópoli protestaban por el turismo…y eso allí puedo llegar a entenderlo, puedo llegar a entender que en una ciudad de millones de habitantes el turismo en ciertos barrios genere molestias a los residentes, puedo entender que estos protesten, podría incluso en su situación ser uno de los que protesten, lo entiendo. Lo que me llama la atención es que en una ciudad de menos de 250.000 habitantes y poco turística los turistas generen un problema a los ojos de algún convecino mío…y eso (seguramente provocado por mis escasas entendederas) me hace desarrollar una serie de posibles motivaciones a la pintada:

1ª Realmente mi ciudad es superturística y yo vivo ajeno a ese problema social, por lo que merezco ser lapidado figuradamente por parte del Ministerio del Amor orwelliano (ahora conocido como twitter).

2º El complejo provinciano de algunos es tal que llegan a querer sufrir los problemas de las grandes metrópolis sin vivir en una de ellas.

3º Realmente mi ciudad es gigantesca y las gentes de barrios periféricos van a otros barrios periféricos haciendo totalmente imposible el día a día de los residentes, generando que la vida tranquila sea un reto homérico ante la pérdida de servicios en los barrios y, a su vez, generando la lógica exigencia de una segregación “barrial” de las gentes.

4º Realmente el barrio que atravesaba desde el mío, para llegar a otro barrio donde está mi puesto de trabajo, vive un momento de autoidentificación patriótica barrial y merece un referéndum para independizarse de Artabria ya; y yo, desconocedor de tal sensibilidad, ironizo con ello.

Cualquiera de las opciones antes planteadas hace 15 años provocarían como mucho 3 chascarrillos entre quienes lo lean…en el mundo actual creo que voy a pedir un perdón preventivo por hacer una mezcla de realidad y retranca para plantear esa situación que me pareció cómica…al tiempo que me planteo independizar la avenida que atraviesa mi barrio.

De todos modos, y como siempre, me despido diciendo quizá el mejor deseo y la mejor palabra que se le puede desear (valga la redundancia) a alguien:

¡Salud!



viernes, 8 de febrero de 2019

Era YZO12MM21ILO de Gzhakyr


Al principio desconocía como se llamaba, cuando salió de las cadenas de producción de Gzhakyr simplemente le grabaron unos procedimientos básicos, unos enciclopédicos datos de conocimiento y sellaron en su antebrazo un pequeño código: YZO12MM21ILO. Tras lo cual se podía decir que había nacido.

Tenía un aspecto sano, tenía un aspecto agradable, tenía esos conocimientos grabados, tenía esos procedimientos exquisitos que salían automáticamente, e incluso en situaciones críticas unas capacidades físicas (aunque en su caso fueran mecánicas) fuera de lo normal, pero… pero de cara a lo que le rodeaba no dejaba de ser simplemente eso, lo equivalente a un florero o a una navaja suiza… cosa que en cierto modo era.

A su alrededor había hermanos de su misma línea de producción, a los que se les asignaba todo tipo de aspecto en caso de ser solicitado por el comprador o simplemente, como era su caso, se les dejaba con lo que llamaban “aspecto aleatorio”; que no dejaba de ser el de un tipo normal de un lugar normal con una ocupación normal, no debían de ser de aspecto especialmente llamativo para no molestar a los potenciales compradores (salvo que estos lo pidieran).

Es por eso que cuando a YZO12MM21ILO su nueva propietaria le llamó ZOLO se quedó descolocado, en primer lugar dijo que no entendía la orden, pero ella le dijo que ella quería interactuar con él, y que para ello tenía que dirigirse a él con un nombre…y que ese nombre “no iba a ser ese galimatías que tenía en su brazo a modo de tatuaje tan de “principios del decadente siglo XXI” ”… y en esta situación YZO12MM21ILO notó como una nueva línea de comportamiento se grababa en su código, esa línea decía “pueden llamarte ZOLO”. Y llamándose así estuvo los 10 años que su propietaria lo tuvo, una “vida” en años humanos y un momento para la duración estimada de un “producto” como era él. Al cabo de esos 10 años su propietaria optó por venderlo ya que “quería vivir como se vivía sin máquinas” y aunque los conocimientos, las ayudas, los procedimientos, el exquisito comportamiento y el trabajo que ZOLO hacía eran muy útiles sería mejor venderlo a otro humano.

Y ese humano llegó, era un humano pequeño, lo que los humanos llaman niño, para lo que a ZOLO hubo que grabarle una nueva línea de comportamiento, ya que ese humano iba a estar cambiando de tamaño, de forma de ser, de forma de pensar y de necesidades a diario…y así pasaron otros 10 años, otro momento, para ZOLO y una vida para el dueño. Fue curioso, cuando ese humano pasó a parecerse a los otros humanos que Vivian con él empezó a ver a ZOLO de otra manera, nuevamente apreciaba y veía como útil que ZOLO le ayudase, la propia presencia de ZOLO, la practicidad de sus procedimientos, su exquisito comportamiento e incluso su uso ¡como perchero!, pero nuevamente consideraba que necesitaría otro “producto” a partir de ahora, por lo que lo mejor sería venderlo a otro humano.

Ese nuevo humano era una persona mayor, pese a que 90 años a ZOLO le parecían pocos, simplemente 9 “momentos”, ese humano se veía con poca energía, como apagado… afortunadamente los procedimientos de comportamiento de ZOLO cubrían las necesidades de ese humano, y digo afortunadamente ya que ZOLO no tenía más líneas libres para grabar comportamientos. Se acostumbró a ayudar a este humano en el día a día, a las charlas a diario sobre los conocimientos de este humano (que complementaba en las conversaciones el propio ZOLO) y nuevamente su presencia y practicidad eran muy útiles, y así fue hasta que unos humanos más jóvenes que el propietario de ZOLO llegaron (casualmente cuando el propietario se movía poco y había pasado otro “momento”… 10 años). De nuevo ZOLO vivió lo mismo, le consideraban extraordinariamente útil y práctico pero consideraban que debían venderlo a un nuevo humano; lo que en ese caso no entendía ZOLO era que las personas que se lo decían lloraban al hacerlo, está claro que no entendía a los humanos.

En esa línea siguieron los 8 siguientes “momentos” de ZOLO, 80 años humanos que para él no fueron nada de tiempo, pero el proceso era el mismo: era útil, era práctico, aportaba datos, era una educada compañía, un buen complemento para el día a día de su humano…y pasaba a otro. Era la vida normal de los “productos”… era lo que llamaban vida pero que tan solo era funcionamiento.

Y así fue hasta que ZOLO se quedó solo, no había humano al que ayudar, acompañar, complementar, conversar, aportar los limitados conocimientos que tenía, aplicar la fuerza con la que le habían fabricado a los trabajos físicos del humano….no, no tenía humano y era libre… siendo libre intentó cultivarse… intentó conocer más cosas.

Se dedicó a la lectura, a ver holopeliculas, películas antiguas de los últimos 5 siglos, recorrer bases de datos de museos de todos los mundos conocidos pero… pero no podía retener ya que sus conocimientos eran los que eran, no podía conocer más, lo que le entraba en la memoria no se retenía ya…no se retenía salvo que se reiniciase o borrase algo de su memoria inicial.

Y en estas ZOLO se dio cuenta de algo, él decidía, él podría cambiarse, él tenía en su mano el adquirir cosas nueva ya que él solo había descubierto lo evidente, podía renovar su memoria a costa… a costa de la más antigua… era una agradable máquina…que podía cambiarse a si misma… o seguir en el bucle en el que había entrado, y lo tenía que decidir él solo.

Al llegar a esta conclusión ZOLO rió, parece que el nombre que le puso su primera propietaria era muy apropiado ya que la decisión habría de tomarla YZO12MM21ILO de Gzhakyr, es decir Zolo de Gzhakyr, es decir él, es decir: solo.



domingo, 30 de diciembre de 2018

Acabando el año


En la primera de las entradas del año, para ser original, este humilde y chapucero ártabro hacía el enésimo ejercicio de incoherencia vital y procedía a hacer una nofelicitación del nuevo año… para acto seguido rematar la entrada con una felicitación del año. Está claro que, quien me conozca, sabe que este tipo de trapalladas son muy “marca de la casa”.

Pues bien, ya veis como el año ha ido avanzando, la periodicidad de mis publicaciones ha sido bastante “aleatoria” y, entre una cosa y otra, hemos llegado a 30 de diciembre; por lo que para seguir siendo un bicho raro de manual aquí va a ir mi felicitación (extraña como encontrar un riachuelo en Tatooine) de fin de año.

Pero ¿felicitación?, sí, felicitación. El motivo está íntimamente relacionado con la entrada del día 1 de enero; en ella, de un modo macarrónico, hablaba de ir avanzando batalla a batalla, de relativizar, de defenderse pero, sobre todo, de pelear. De pelear cada día, de tratar de hacer cada día un nueva victoria, y así, ir edificando una seguridad que es lo que por ahí llaman pasar un feliz año. Al menos yo así lo veía el día 1 y lo sigo viendo hoy, cuando estamos casi en modo “auditoria del año”.

Y como este ha sido un año de lucha de todos y cada uno de nosotros, solo puedo levantarme y aplaudiros; sí, aplaudiros. Aplaudiros ya que, aunque algunos de vosotros no os deis cuenta, todos hemos peleado cada una de esas batallas y hemos salido bien parados, en mayor o menor medida, porque (aunque no lo veamos) así es.

Ahora ya solo queda un día para finalizar este año, y ese último día lo encararemos con la mejor sonrisa que podamos tener para nosotros mismos, lo cual nos llevará a estar preparados para empezar una nueva etapa: la de 2019.

Así que lo dicho, con una chapucera antelación de un día, ¡feliz año nuevo!.


Y… como siempre:

¡SALUD!


miércoles, 12 de diciembre de 2018

Sentir

Caminaba por la costa, esa costa mil veces vista por miles de personas, donde la mayoría de las personas se fijaba en el feísmo, en las cosas raras que la extraña creatividad de la gente había llevado a levantar casi en las orillas del mar. Ella pasaba al lado y recorría esa costa.

La brisa del mar movía su larga melena oscura, y mientras paseaba escuchaba las frases de la gente que pasaba a su lado:

-          Qué casa tan horrible.

Esa fue la primera de las frases que escuchó, pero había más:

-          Pero, ¿a quién se le ocurre levantar esa atrocidad aquí?

Era la segunda frase que escuchaba, pero ella seguía caminando, disfrutando de la arena mojada de la playa en un atardecer veraniego, mientras las olas y algunas algas acariciaban sus pies. Ella caminaba y sonreía, mientras seguía avanzando por la orilla.

Escuchaba a las gentes, escuchaba a los animales, sentía en sus manos como salpicaba la fresca agua del mar al chocar contra sus pies, notaba como la arena en suspensión le rozaba el cuerpo, olía el olor a mar, olía incluso los olores de las gentes que abandonaban la playa, con esa mezcla de olor a mar, a crema, a calor, a salitre, a un poco de todo.

Olía, oía, sentía todo lo que había a su alrededor, y pese a las frases de críticas al aspecto de lo que le rodeaba ella sonreía. Sonreía con una sonrisa que podía iluminar ese atardecer, sonreía sin que se le pudieran ver los ojos detrás de sus gafas de sol, sonreía mientras miraba al mar, sonreía mientras llevaba la mano a sus gafas para sacárselas.
Y una vez se las sacó no se veían sus ojos, se veía luz, y empezó a hablar, empezó a hablar aparentemente sola.

Empezó a contar lo que veía de veras, que era la verdadera belleza de esa costa, la verdadera belleza de ese mar, la verdadera belleza de esa tierra, la verdadera belleza de esa brisa, la verdadera belleza de todo lo que la rodeaba. Ella sí lo veía, no tenía que fijarse en la “realidad” que criticaban otros, no, no le hacía falta. Ni tan siquiera era una evocación a una belleza pasada, no era una narración en diferido de la belleza, no, era la belleza del momento.

Ella contaba en directo la belleza, y era ella quien lo contaba ya que ella era la única que podía verlo. Y era la única ya que los demás no querían verlo, esos demás que en ese momento tenían una decisión en sus manos, oírlo y así verlo o no hacerlo y seguir ciegos.

Decidid ahora vosotros. Yo ya lo he hecho.




domingo, 23 de septiembre de 2018

Títulos


Efectivamente, ¡es correcto!; en estas dos semanas de guerra atroz entre algunos de los queridos bandos de los que hemos hablado en alguna ocasión (ojito al uso del plural y al “espaméo” que me lleva a un nivel de tontería muy tontita) no había dicho nada, por lo que ¡efectivamente de nuevo!, ¡ahí me meto cual cocho en una pocilga!, ¡vamos a hablar de titulitos!.

Hemos vivido en las últimas semanas, pero si tiramos para atrás más bien han sido meses, ¡discusiones! sobre la maravillosa formación de nuestros políticos. Por el momento hay una dimisión de una presidenta de una Comunidad Autónoma (paso por cámaras de seguridad de un “súper” mediante, lo que aún aumenta el nivel de vergüenza ajena a 2000) y una de una ministra; pero es que el líder de la oposición se sacó su carrera en un tiempo récord digno de marca olímpica (casualmente desde su entrada en política), las noticias sobre un presunto doctorado (o según el día doctorando) de otro líder opositor son cuanto menos “chuscas”  y las noticias casi diarias sobre el Doctorado Cum Laude del presidente del Gobierno cada día dan más vergüenza ajena (nuevamente está el casual factor político por el medio). Y en estas llevamos un par de semanas, sí, un par de semanas en las que uno pone el telediarios y vive momentos de “no miro ni oigo, porque me da vergüenza ajena”.

Y la cuestión es ¿por qué pasa esto?, ¿por qué se miente (presuntamente, que no me venga ningún bando a casa a quemarme…o que vengan los dos y ya se ponen a discutir entre ellos y se olvidan de mi) en las titulaciones de los políticos cuando….¡no lo necesitan!?. Y estas preguntas me hacen recordar una tertulia que escuché en la radio el otro día y que, posiblemente, tenga que darles la razón; en esta tertulia hacían la comparativa de la talla política de los políticos actuales y los habidos en España entre 1978 y 2000 y resulta que nos encontramos con una verdad evidente: nunca negamos, fuesen del color que fuesen, el nivel de los antiguos, podíamos “rajar” de ellos pero sí los teníamos por gente “de nivel”; pero eso no pasa con los actuales.

El político actual tiene que reivindicarse ya que, ni a sus ojos ni a los nuestros tiene el nivel de los “viejos”; y para reivindicarse lo que hacen es presumir de formación, lo cual si la tienes está bien y debes hacerlo, el problema viene cuando o no la tienes o te la facilitan de manera “peculiar”. En esta última situación vemos como justo presumes de lo que careces, y pierdes toda esa imagen prefabricada que tú necesitas pero los viejos no; y lo que das es vergüenza ajena.

¡Hala!, ya me mojé, ya solté mi teoría copiada y ya he apostolado, en una nueva demostración de mi incoherencia me he puesto a nivel de tertuliano o de político de elevadísimo rango, así que quien quiera que vaya preparando la pira para quemarme. Pero antes dejadme una última queja: me parece fatal que todo lo dicho anteriormente haya ocultado los matices de una de las noticias más importantes, a la par que poco sorprendentes, de las últimas décadas: ¡la salida del armario de Epi y Blas!; sobre la cual he de protestar, me parece fatal esa línea de amistad, apoyo y cariño hacia Epi, cuando realmente quien lo merecería es Blas, ¡el pobre Blas solo quería cada día tranquilidad y Epi no paraba de molestarle hasta que frunciese el ceño!, ¡Blas estoy contigo!...aunque quizá el hecho de que yo en Dragon Ball sea de Vexeta (Vegeta para los no gallegos”), en Campeones sea de Mark Lenders y en Star Wars sea de Darth Vader puede tener algo de relación con ello… lo meditaré mientras me carcajéo con fuerza mientras acaricio un gatito en mi regazo.

¡Salud!



miércoles, 5 de septiembre de 2018

Bandos


Como la mayoría de los homo sapiens sapiens he tenido momentos más altos y más bajos en esta vida, y para seguir con el topicazo, en mi caso uno de esos dos momentos bajos fue durante la bonita (ejeem, ejeeem, ejeeeeeeeeeeeem) etapa de la adolescencia. Ahí, para seguir abrazando el topicazo cuasi televisivo, el menda descubrió los cómics; y más concretamente al señor Peter Parker, alias Spiderman (sí, podéis y debéis soltar un espaidermaaaaaaan ahora). Elegir a Spidey hizo que en la dicotomía, sí en cómics también eres o de blancos o de negros (y no hablo de caucasianos supersaharianos pálidos o subsaharianos de color, no empecéis a encender las piras), entre Marvel y DC me hiciese de Marvel, de hecho de DC solo “soy” de Batman (ahora ya podéis algunos encender las piras o mandarme a vuestros padrinos).

Pues en estas estoy, expresando mi pertenencia a un bando, así que ya podemos empezar las pedradas, porque es así como funciona ¿no?. Asumimos que si estás en un bando, automáticamente, pasas a adquirir todas las características de ese bando y tienes al bando de enfrente que, presuntamente, es tu opuesto en todo y debéis luchar en pos de la verdad absoluta hasta el fin de los tiempos.

Notemos que he hecho referencia al mundo de los cómics, y ya solo con eso recibiría apoyos inesperados y oponentes alucinantes, imaginaos que declaro mi adoración por una ideología ¡sería alucinante la cantidad de “¡Cuánto te odio!” que surgirían!; y si ya elijo un bando predominante del universo futbolístico ¡átate los machos! (llegarían incluso en etiquetarme de falangista o de destructor de la patria)… por suerte soy del Dépor y bastante tenemos los deportivistas con ello (guerras civiles internas aparte, que también…).

Notemos que he hecho una pequeña herejía en mi argumentación inicial sobre Marvel y DC, he reconocido merito/apoyo/admiración a alguien del otro bando… así que surgirán en mi ”bando” voces que me tilden de un híbrido de judas; Rivaldo; Sol Campbell y Luis Figo (guiño, guiño a los futboleros noventeros), voces en el otro aplaudiendo la división interna en mi ”bando” (curioso llamar a la opinión división, curioso) y diferentes voces en el otro bando tildándome de infiltrado a lapidar en la plaza pública (sea Mayor,  de España, de Galicia o de Quitalascabas de Arriba). Todo esto por no aceptar, cual stajanovista acepta el trabajar más y más para cumplir por lo planificado desde el gobierno, la verdad monolítica de mi presunto bando.

Y así, y a esto hemos llegado, todo bandos, en casa, en la familia, en el trabajo, en la calle, en las redes, en todo. Y si eres de los que es un “opinador picaflor” como yo… pues tienes un problema querido congénere, ya que serás tildado de falso, equidistante, traidor, “ponerte de perfil” y ¡sabe Tyr qué más! ya que…¡no has aceptado todo el paquete de pensamiento!, ¡has cogido opiniones de varios bandos!.

Es curioso, ya que lo normal es que seamos un poco de una opinión y un mucho de otra, o un poco de muchas, o múltiples combinaciones que se nos ocurra; pero lo que parece que queremos mostrar es el “monolitismo” en cuanto a opiniones. Y eso en mi opinión, ¡agarraos los machos y las hembras que ahí va mi apostolado!, es un error, todos hemos conocido a gente que es una hija de Satán pero que han sido buenos con nosotros (está claro que son buenos para determinados temas o situaciones) y a auténticos santos que con nosotros han sido una mezcla de Lucifer y Baal (nos hemos topado con su situación diabólica) y eso confirma, para bien o para mal, que somos tan poliédricos que enrocarse en una opinión es una estupidez total.

Pero bueno, con eso nos toca vivir y dudo que mi “mierda de opinión” vaya arreglar nada (salvo echarla yo fuera de mi maravilloso cuerpo) así que sigamos adelante recordemos la mítica frase de Don Andrés Montes: ¡La vida puede ser maravillosa!, y lo nombro con más motivo teniendo en cuenta que el gran Montes comparte peinado conmigo y uso de gafas, ¡otro bando! (aunque ante el hecho de que su concentración melanínica era opuesta a la mía a lo mejor resulta estamos en el mismo bando…y no lo estamos ¡a la vez!, ¡qué complicado es esto del “bandismo”). Eso sí a la mítica frase de Montes le haremos un matiz que escuché un día decir en la radio “lo que no significa que lo sea”.

Está clara una cosa, al final el mejor bando es el mítico que comenzaba con un: “De orden del seños alcalde, se hace saber……..”; y lo diré con reservas, por si acaso.

¡Salud!



martes, 28 de agosto de 2018

La pintora

La pintora no pintaba, llevaba meses sin hacerlo y parecía haber perdido las musas, o quizá no. La sombra de su ciudad le venía de perlas, era lo que más la inspiraba pero en su estudio con olor a aguarrás y a pinturas de óleo no había la actividad febril que tenía 4 años atrás.

Poco a poco había ido apagándose, no salía de su estudio pero no dejaba de ver sus lienzos en blanco, vacíos, y veía como su paleta se convertía en una concentración de "manchones", de pinturas secas y de pinturas diluidas por exceso del uso del aguarrás.

Con la mirada al suelo, como estuvo durante meses en el último año, ella veía restos de carboncillos afilados una y mil veces con su navaja, pero poco usados. Al lado de sus caballetes solo se veía un caos de botes retorcidos de pintura, de botes con aguarrás, de disolventes que desconocía de su existencia, de acetona, de alcohol de quemar y un par de botellas de red vintage del mismo día. Está claro que la imagen era la de una pintora decadente, se reía pensando en que esa decadencia quizá haga ser millonarios a sus descendientes dentro de 200 años…”Van Gogh style”…pero por suerte ella solo se había cortado el pelo largo tras decolorarlo, y no una oreja.

Se dio cuenta de que era un cúmulo de tópicos artísticos, artista sin musas, ahogándose en su propio vaso (no se sabía si de agua o de bilis…quizá más de bilis), con un pequeño apartamento dejado de la mano del Dios que más cerca caiga, con un aspecto o demasiado cool o demasiado dejado y con restos de depresivos (legales en este caso, al ser derivados de la cebada) por toda su morada. La verdad es que había caído en el tópico…pero pese a estar en la mierda no se le activaba la creatividad.

Sabía que todo el mundo está bajo, que el mundo es complicado, que debe despejar la cabeza, pero esas ayudas del estilo Mr. Wonderfull no hacían que saliera arriba, eso solo lo iba a conseguir levantando su puto culo de la puta butaca de Ikea decolorada por sus disolventes y empezando a currar; como dijo Picasso: que la creatividad te pille trabajando. Está claro que debía desarrollar urgentemente el desapego a todo…a todo menos al trabajo ya que solo ella podría sacarlo adelante, no podía esperar una mano mágica que le diera ese empujón.

Y así empezó, impulsándose de la destrozada butaca, un regalo de cuando era otra en otra vida, para buscar aire. Se sorprendió a si misma con lágrimas en los ojos, aparentemente sin sentido alguno había empezado a llorar, no lo había ni notado pero lloraba…lloros mudos pero lloros al fin y al cabo, y parecía que no podía parar, era una sensación rara, extraña, “de locos” pero…pero acto seguido empezó a pensar.

Empezó a pensar que era una señal, empezó a pensar que era el punto y aparte que necesitaba, empezó a pensar en ese punto y aparte y se dio cuenta de algo, que no era un punto y aparte, era un punto final. Y todo punto final implica que hay que empezar un nuevo párrafo, que en este caso iba a ser ya un nuevo libro.

Tiró al suelo los lienzos y cogió un simple block de dibujo, el mítico lápiz Staedtler número 5 con su culo azul, una goma Milan rosa ya redonda por causa de su uso y un afila metálico desgastado por su uso desde quinto de EGB, y sus manos empezaron a dibujar, a dibujar sin parar, parecía una exhibición de escritura rápida pero no, era ella creando. Estaba creando, sin parar; creando como no había hecho en meses, esos meses incalificables que, como si fuera un libro acabado, había dejado atrás con el punto final.


La pintora no había vuelto, ahora simplemente dibujaba, dejó de ser la pintora para ser algo más simple y a la vez más complicado, ahora era la dibujante; y lo había hecho por ella misma. No se dio cuenta pero ya no lloraba, simplemente vivía, nada más y nada menos.





martes, 1 de mayo de 2018

Oscuridad de Schrödinger


Hara volvía a ese macro refugio en la roca que no sabía ni como ni quién había hecho, acababa de entregar el mensaje, un mensaje que desconocía, e iba sumergida en sus pensamientos; al tiempo que se agachaba y avanzaba por la cuneta para no ser vista por los Liberadores en ese camino de retorno a ese sitio donde se protegían todos los del pueblo (se negaba a llamarlo casa). Estaba muy deprimida, no sabía en esta situación a donde le llevaría la vida (si es que esta era vida), había vivido muchos cambios de bando de gente en la que confiaba, demasiadas decepciones en muy poco tiempo, demasiado para una mente como la de Hara.

Los últimos años para Hara habían sido una auténtica montaña rusa, intentaba estar bien, intentaba no venirse abajo, pero siempre había algo en este mundo infernal en el que vivía que no le dejaba venirse arriba (ni salir de abajo) pero trataba de disimularlo (mal disimulado) por Vera. Vera estaba peor, la veía en el macro refugio a veces, pero últimamente Vera se encerraba en el ala de los receptores (que era donde estaba destinada, a diferencia de Hara, que estaba en la de los mensajeros) y en el último mes solo usaba el intercomunicador para contestar a Hara respuestas someras a sus preguntas, cuando no eran simples quejidos o monosílabos. Hara sabía que Vera estaba mal, y por eso lidiaba con infinidad de difíciles e incómodas situaciones ya que (seamos realistas); pese a su preocupación por Vera, el riesgo de escuchar el silbido entrecortado de una bomba stuka (menuda ironía retomar ese nombre) que los borraría de la faz de esta devastada tierra era lo que ocupaba el 90% del tiempo de Hara, de Vera y de los residentes en el macro refugio.

Y de camino a casa estaba Hara, ahora tirada en el barro de la cuneta, escuchando muy lejos como silbidos entrecortados sonaban. Esos silbidos solo podía significar una cosa, los Liberadores se habían ido a bombardear lejos del macro refugio, pero aún así tenía que andar con cuidado, las patrullas estaban en cualquier lado y encontrarse con una mensajera…solía implicar solo una cosa para la mensajera (y no era buena). En medio de la lluvia seguía avanzando Hara por esa cuneta enfangada y volvió a pensar en Vera; ella en un momento de ganas de hablar le había dicho lo cansada que estaba del ala de receptores, que pese a estar así ella no podía ayudarla ya que los mensajeros no entenderían lo que pasaba en esa ala, pero que no se preocupara, que ella sola saldría del problema mientras insistía en que ella (Hara) no podía ayudarla. Y pensando en porqué no podía ayudarla estaba Hara cuando escuchó un motor avanzar por la carretera en cuya cuneta ella estaba tirada, en pocos segundos el vehículo estaba ya a la altura de Hara y ésta miró hacia él aterrada, y la imagen no la aterró, pero sí le extrañó.

Desde el vehículo un hombre con el típico aspecto hippie sesentero californiano le miraba y la saludaba educadamente, pero sin transmitir precisamente confianza hacia Hara, y a su lado estaba Vera, que la miraba con una mezcla de indiferencia y normalidad. En los asientos delanteros había un hombre y una mujer con un aspecto similar al educado, pero de semblante falso, hombre que estaba junto a Vera.

-         Hola Vera – dijo Hara-. ¿qué haces aquí?, ¿qué ha pasado?

Sin dejar de mirarla Vera, que en su mirada no transmitía felicidad, sino más bien una forzada normalidad, le dijo:

-         Esta gente es la salida al problema que te conté. Lo siento, este infierno de mundo es duro y hace que cambiemos, no queda más que luchar por sobrevivir. Cuídate.

Tras lo cual  el coche arrancó mientras el hippie le mandaba un amable saludo con su mano a Hara.

Hara no lo entendía, Vera había ideado un plan de fuga y no le había dicho nada, no entendía su silencio cuando siempre trataba de estar pendiente de lo mal que estaba, no entendía encontrarse con esta situación de sopetón sin esperárselo, no entendía esa “política de hechos consumados”o, más bien, prefería no entenderla por miedo a la decepción definitiva. No lo entendía y, mientras pensaba en ello, notaba una extraña sensación en el pecho, era una mezcla de un latigazo y un calor repentino; “esto debe ser lo que llaman partir el corazón” pensó Hara.

Hara estaba demasiado ocupada en pensar en como era posible no haber sido avisada por Vera, y demasiado sorprendida y ocupada en llevar la mano a su pecho, esas dos cosas ocupaban en ese momento todos sus sentidos. Y tener esos sentidos ocupados hizo que no se percatara de dos cosas; en primer lugar del sonido de unas botas militares que pisaban el barro y que cada vez sonaban más cerca, en segundo lugar del chasquido metálico del momento de sacar el seguro de una pistola.

Ya a unos 500 metros estaba Vera, iba sentada en el coche del comando de fuga de los receptores, trataba de no pensar en nada pero no dejaba de pensar en mil cosas y en ninguna al mismo tiempo, seguía sin estar bien, y según el segundo pensaba que había actuado fatal o no. Sus compañeros de los asientos delanteros iban felices con la fuga, tanto que se estaban sacando fotos para las que Vera posó; posó preciosa como siempre, su pelo largo liso negro azabache y sus ojos verdes intensos hipnotizarían cualquier cámara, y sonrió para la foto…foto para la que salió objetivamente preciosa; pero ni sus ojos ni su sonrisa parecían sinceros, parecían muy forzados, irreales, impostados. Esos pensamientos hicieron que no se percatase del sonido de detonación de un disparo de una pistola que sonó a unos 500 metros en el momento de sonar el ruido del obturador de la cámara; y en esos mismos pensamientos seguía cuando, nuevamente sin ella percatarse, un silbido entrecortado se acercaba más y más a ellos.



domingo, 18 de marzo de 2018

Dépor, mi fiel amigo


Ya avisé cuando este chapucero blog despertó de su sueño motivado por ¡Dios sabe qué!. Lo dije, dije entre otras cosas que la situación del Dépor me da para múltiples artabréos, pero…pero no voy a hacer exactamente eso en un 100%, simplemente voy a abrirme un poco y contar como nos sentimos muchos de los que tenemos el corazón blanco y azul, muchos de los que somos de origen o sentimiento de esta esquinita del mapa dejada de la mano de Dios, y olvidada por extraños y (penosamente) por propios.

Soy de una generación afortunada, lo reconozco, vivimos en la era de la EGB, jugamos en parques no acolchados, teníamos y tenemos cicatrices en las rodillas, codos y resto del cuerpo por el hecho de jugar, fuimos la última generación que sabe lo que era jugar el fútbol en la calle (sí, por donde pasan los coches) y, en el caso de los de mi zona, somos la generación que vio aparecer un milagro, un milagro llamado Dépor.

A los de mi quinta el nacimiento de ese milagro nos pilló en plena adolescencia, y lo vivimos en el principio de nuestra veintena, y ahora debemos contarlo. Nos pilló en una época complicada, todos sabemos como son las adolescencias; puede ser que tengas una adolescencia feliz, que la tengas complicada, que la tengas muy complicada; puede ser que tu adolescencia sea una época de estar solo, que estés rodeado de gente pero que aún así te sientas solo, o que estés rodeado de gente pero seas un auténtico amasijo de inseguridades que te lleve a ser un imbécil integral, pero tenías un amigo que no te fallaba. Te sentías solo, te sentías sin encajar o simplemente te sentías pensativo y llegaba el fin de semana y…y te sentabas al lado de la radio, o enfrente al televisor y ponías el partido del Dépor y…y era un momento de renacimiento, un momento de evasión, un momento en el que notabas que formabas parte de algo (llámalo tribu, sentimiento, sociedad o grupo de enajenados futboleros, pero era algo), y además de un algo del que te sentías orgulloso.

Era la época en la que sabías que un mulato brasileño del medio del campo era el punto de referencia en el que podías confiar para que te representara, para que liderara a tu tribu; era la época en la que veías como un tío de Carreira demostraba una y otra vez que en esta esquinita sí que salían cosas buenas (no buenas, excepcionales); en la que veías como un brasileño enclenque era lo más fuerte que había; en la que veías como un brasileño con una incipiente panza demostraba que los gorditos también servían para dar clases magistrales; como un levantino peleón y un donostiarra sudoroso demostraban que la garra, el trabajo y el amor propio compensaban la falta de talento natural; en la que veías como un pequeño castellano podía volar más alto que un gigante alavés y ganar una copa del Rey; una época en la que un señor de Arteixo era tu filósofo de cabecera; unos años en los que te ofrecías a pagar por ver las negociaciones de un señor de Corcubión para traer a un jugador; y sobre todo, como todos los jugadores que pasaban por el Dépor transmitían que sí, no dejando de ser un futbolista enormemente bien pagado, formaban en mayor o menor medida parte de tu tribu, que en mayor o menor medida sí sentían esos colores y ese escudo, tus colores y tu escudo.

En esa época daba igual lo que pasase, veías como tu familia se esforzaba por comprarle ¡la camiseta oficial! al crió ya que era un “loco por el Dépor” y daba igual que fueses el crío solitario puteado, el crío que se pegaba a los demás para encajar, el presuntamente encajado pero que asumía su imbecilidad, daba igual quien fueses. Llegaba el fin de semana y te enfundabas tus colores, ibas con ellos con una mezcla de orgullo y rubor por la calle y cuando te encontrabas con otros en tu situación os mirabais como diciéndoos “somos la leche”. En ese tiempo daba igual lo mal o bien que estuvieses, el Dépor, tu fiel amigo, te ofrecía su mano, te decía “ven, yo estoy aquí” y te alegraba el día, la semana, el mes. Era la época en la que los críos, y no tan críos, deportivistas llegaban el lunes a clase, a la facultad, o al trabajo y presumían de sus colores, ya que sabían que podíamos perder o ganar, pero plantábamos cara a cualquiera y sabíamos que caeríamos de pie o ganaríamos, no había otra opción.

Y esos críos crecimos, y dejamos de ser críos pero seguimos siendo en el fondo los mismos que éramos antes, y …y ese Dépor, nuestro fiel amigo, siguió ahí unos años más, dándonos alegrías, incluso provocó nuestros primeros viajes con amigos (dentro o fuera de España), o que en nuestros primeros viajes al extranjero dijésemos que éramos de Coruña y recibíamos una respuesta típica en el acento local de donde íbamos: “¡Oh!, Deportivo La Coruña!”, y en ese momento volvíamos a ser el crío que iba por la calle orgulloso y ruborizado.

Ya vemos como era ese amigo, no solo no te fallaba, no solo te acercó su mano cuando estabas solo, no solo te sirvió para disfrutar con tus amigos y con tu familia, sino que por el mundo adelante te hacía sentir orgulloso. Esa es la suerte que ha tenido mi generación, ha conocido ese amigo que te ayudó, ese amigo incorpóreo, con tintes de ser un sentimiento tribal…pero que era tu fiel amigo.

Y los años pasaron, y las crisis socioeconómicas (¡qué os voy a contar!) y nuestro amigo las sufrió y las sufre. Y el ecosistema de nuestro amigo cambió, los jugadores de los que antes hable ya no te transmitían o te trasmiten lo mismo que los de antes, dan la sensación de ser un usar y tirar recíproco con tu fiel amigo, él los usará y tirará…si ellos no lo hacen antes…pero tu estás ahí.

Tu estás ahí ya que ves como está tu fiel amigo, ves que no es la sombra de lo que fue, ves que se ha tratado de adaptar a su ecosistema y que pelea como un loco por ello, y entonces recuerdas todo lo anterior. Recuerdas como oías con tu madre o con tu padre los viejos partidos en el mítico transistor “Internacional” o lo veías en la mítica tele “con culo” de más de 10 años de antigüedad (milagro en los tiempos actuales). Recuerdas como estabas solo pero el Dépor te animaba, recuerdas esos lunes de colegio, facultad o trabajo en los que ibas sonriendo. Recuerdas esos primeros viajes en los que el Dépor siempre jugaba o primordial o supercolateralmente un papel. Y recuerdas tantas alegrías que te da igual lo que ves.

Te enfadas con jugadores, con direcciones técnicas, con entrenadores, con directivas, con políticos; te tomas a risa a tu equipo, juras en idiomas desconocidos cosas horribles, te acuerdas de ascendientes y descendientes de jugadores y en ellos mismos, te expresas como un garrulo pero…pero pasa ese momento y al segundo estás ahí, en tu asiento del campo, o delante de tu televisión o de donde sea animando al Dépor sabiendo que a ojos de muchos (y del sentido común) estás haciendo el imbécil pero, pero es una cuestión de sentimiento.

Él es tu fiel amigo, está (como dirían en mi podcast deportivista favorito) “en la mierda”, pero tu estás ahí porque un día te ofreció su mano cuando tu creías estar en la mierda y ahora te toca a ti.

Así que sí Dépor, mi fiel amigo, aquí me tienes. Sé lo que va a pasar, pero vamos a darnos el sopapo juntos.

¡Forza Dépor!



(Y a los que no lo entendáis, como siempre, ¡salud!)

martes, 13 de marzo de 2018

Pena: De brujas y cabrones

En algún momento de mi vida escuché, o malinterpreté a mi manera, una frase referida a la vida (valga la redundancia): “La vida es un mar de lágrimas con ridículos momentos de felicidad”. Quizá no era exactamente así, pero así lo entendí. Siempre fui de la sensación de que, pese a lo que se pueda pensar de mí, no soy un sujeto pesimista, sino que soy lo que llaman un “optimista bien informado”, es decir; no es que espere demasiado de mis semejantes (y si ya espero eso a mis años…mejor no digo como seré cuando llegue a la que ahora es edad de jubilación, recalco: ahora).

Desde mi punto de vista hemos venido a esta vida a encontrarnos con un montón de brujas y de cabrones (o machos cabríos, discúlpenme los amantes del lenguaje políticamente correcto, pero no sé el equivalente de brujas en dicho idioma, me sale solo “hechiceras del lado oscuro”, pero no sé si ese punto de frikismo es políticamente correcto); y que con esas dos clases de seres miembros de la ciudadanía hemos de lidiar. La cuestión es que normalmente esos cabrones y esas brujas simplemente te utilizan, te manipulan, te engañan, te mienten (o peor, te cuentan medias verdades), te dejan tirado, se aprovechan de ti y, bueno, te hacen cosas que en general encajan en todo lo antes dicho; pero en ciertas ocasiones pasa lo que estamos viviendo estos días en España, el caso del pobre niño Gabriel.

Esta criatura se encontró con su bruja particular, que deja a los cabrones y brujas de los demás en meras brisas de aire, se encontró con un ser incalificable, un ser que no solo hizo todo lo antes dije, sino que demostró dotes de sangre fría con los pobres padres y familiares dignas de provocar el vómito a cualquier persona con un mínimo de alma. Se encontró con que su bruja particular lo asesinó, lo cual es algo que no puede entrar ni en mis esquemas mentales, ni morales, ni en los de ninguna persona que tenga un mínimo de alma y humanidad. A cada noticia que sale sobre el tema es más estremecedor, más terrible, más incomprensible, más asqueroso, más incalificable (e irónicamente más adjetivable). No sé qué decir, evidentemente transmito mi apoyo a los padres del crio, apoyo que no vale absolutamente nada, ya que no tengo ni un atisbo de intuición de lo que puede significar a nivel de sufrimiento lo que están sufriendo esas dos personas. Solo sé que a la causante le deseo que la podredumbre que tiene su alma se extienda a todo su ser, nada más y nada menos. Y ya prefiero no entrar a comentar lo que el “mundo de redes sociales” patrio discutió estos días, algunas opiniones fueron tan repugnantes que no merecen ni el respeto ni el comentario.

Solo desear que Gabriel descanse en paz, y que los padres puedan no ya superar, sino sobre llevar lo que por culpa de, en este caso, esa bruja que ha hecho lo incalificable e incomprensible.

Tras esto los demás solo podemos pensar dos cosas sobre nuestras brujas y nuestros cabrones particulares; por un lado que con nuestras heridas, puñaladas y amputaciones figuradas saldremos adelante, si Cervantes (conocido como “El Manco de Lepanto”) fue quien de escribir EL Quijote y Blas de Lezo (conocido como “El Mediohombre” por las extremidades perdidas) fue quien de hacer lo que hizo en Cartagena de Indias, ¿qué no podremos hacer nosotros que solo hemos sido apuñalados y heridos por nuestros cabrones y brujas?; y por otro lado que pensemos una cosa que encaja poco en nuestro pensamiento culturalmente católico…el karma se lo hará pagar.

Así que lo dicho, en la situación actual pensemos en la desgracia de esos padres, de ese niño y la barbaridad que han sufrido. En esta situación transmitamos apoyo, saquemos lo bonito de la solidaridad de todos y nada más (y nada menos)

¡Salud!

Y Descansa En Paz.


viernes, 2 de marzo de 2018

Cambios de opinión


Escuchaba el otro día en la radio a un famosete, realmente ahora no recuerdo su nombre, y hacía un comentario en referencia a sus redes sociales. Este caballero, desconozco si tiene caballos pero así me referiré a él, comentaba una crítica que el “tuitero tipo” le había hecho (curioso, un tuitero criticando) porque este famosete había borrado un twitt en el que afirmaba que la progenitora de un crítico con él se dedicaba a la presunta profesión más antigua del mundo, y claro, para el “tuitero tipo” era una vergüenza que borrase lo que había escrito. A esto este famoso decía: “pero vamos a ver, en el momento en que escribí esa afirmación sobre la profesión de esa progenitora era lo que pensaba, pero luego lo pensé mejor, vi que era una burrada y que no lo pensaba y por ello lo borré; simplemente cambié de opinión”.

Pues sí, ¿se puede cambiar de opinión?, evidentemente; ¿se puede en estos tiempos?, pues parece ser que no. Eso me recordó maravillosas cadenas de fotos que pululan por las redes sociales, donde desde Günter Grass a Joseph Ratzinger pasando por la Reina Federica de Grecia eran retratados como nazis…bueno, nazis en su juventud/niñez…concluimos por lo tanto que fueron o son nazis a lo largo de toda su vida ya que todos sabemos que la opinión no cambia (lo de analizar y constatar la situación social y política alemana en tiempos del régimen nazi ya lo dejamos para otro día, no vaya a ser que entremos en una situación donde la cosmopolita y reconstruida Berlín actual tenga que ser demolida ya que…¡coño! había estado llena de nazis… ¡que lo he visto en una foto en una red social!).

Y así estamos, estamos en la dictadura de la foto, en el miedo del pantallazo, en el pánico a la opinión antigua hecha pública ya que (como todos sabemos) lo que pensábamos cuando eramos un cuasiimberbe universitario, es lo mismo que pensamos cuando somos un barbudo trientañero, o cuando somos un arrugado e hiperalopécico jubilado con pensión pseudodigna (aclaro, lo pongo en masculino ya que soy un tío, que no se me enfade ningún justiciero de twitter), está claro.

Y nuevamente alguien dirá, ¡eres incoherente!; y sí y no. Todos tenemos una línea de pensamiento, una manera de razonar, y esta evoluciona, y dicha evolución puede ser radical o leve, pero siempre existe e implica cambio en la manera de pensar; así que podéis entender que el jubilado al no pensar lo mismo que el universitario es incoherente…o que es coherente al ser una evolución, yo creo y afirmo lo segundo…la sociedad tuitera actual parece tender a lo primero. Paraos a pensar una cosa, el 95% de la población (vamos a conceder el 5% de error estadístico, lo siento soy de ciencias aunque haya gente que me diga que soy de letras) dice ser buena persona, pero (y siempre hay un PERO) ¿acaso no hacemos daño a gente que queremos (o apreciamos o decimos valorar) cuando actuamos egoístamente? Sí, es evidente; y ¿dejamos de vernos como buenas personas? No. ¿Es ser incoherente eso? Desde luego. ¿Nos vemos como incoherentes a nosotros mismos? No….bueno, no hasta que no nos lo digan y no tengamos las gónadas de mirarnos al ombligo. Pues este estólido (toma palabro que ha depuesto el ártabro) razonamiento nos vale para la sociedad tuitera actual…la gente no es coherente toda su vida o; desde mi punto de vista, que para mi es el bueno AHORA MISMO, simplemente evoluciona pudiendo llegar a situaciones opuestas.

Simplemente hay que tratar de evolucionar bien, al menos a tus ojos y a los ojos de los que te quieren y quieres, que ya es bastante y muy meritorio.



¡Salud!



(y del Dépor ya hablaremos otro día)


lunes, 5 de febrero de 2018

Usar y tirar

Pues si amigos, conocidos y gentes varias del lugar que en ocasiones se confunden con las dos clasificaciones anteriores, vivimos en esa época; la época del usar y tirar. Está claro que el planteamiento parece muy directo, pero igualmente está claro que es lo que hemos abrazado, lo que estamos abrazando y lo que, todo parece indicar, abrazaremos en el futuro. Usa y tira.

Vivimos en el reino de la llamada obsolescencia programada; una combinación de "palabros" que hace 15 años nos sonaría a comentario digno de un capítulo repuesto de Star Trek y que ahora un niño de 8 años víctima de las reformas educativas patrias podría explicar mejor que la mayoría de la sociedad (y sobre todo mejor que este humilde y chapucero bloguero ártabro). Sabemos que las cosas van a durar poco, y nos hemos acostumbrado a ello.

A todos nos gusta volver a casas donde hemos vivido, donde hemos estado en la infancia, y a la mayoría de los residentes en Artabria la evolución de nuestra sociedad nos ha regalado algo que no valoramos lo suficiente: "una casa en la aldea". Esas casas en la aldea donde podemos ver recuerdos de nuestros familiares, algunos de los cuales no hemos llegado a conocer, pero que dejaron su legado en forma de historias y en forma de cosas. En esas casas podemos ver camas antiguas, que siguen en perfecto estado, donde volvemos a descansar como hicieron nuestros bisabuelos, vemos relojes antiguos (sean de pie, de sobremesa, o de bolsillo) donde seguimos viendo la hora como ellos lo vieron antes, disfrutamos de comidas en vajillas en las que ellos disfrutaron posiblemente de los mismos platos e incluso paseamos, nos sentamos y pensamos por caminos, bancos de piedra y paisajes que (independientemente del crecimiento forestal) se parecen extraordinariamente a lo que nuestros antepasados vivieron mientras hacían lo mismo que nosotros hacemos ahora.

Y nos gusta, y nos encanta, y disfrutamos, y colgamos (como sabéis, yo el primero) con frases pseudoprofundas imágenes de estas visitas en nuestras redes sociales. Pero...pero ya no somos así, porque mientras pensamos eso escuchamos en nuestra cabeza "¿cuando cambiaré de móvil? este que tiene 2 años ya me va lento, tengo que tirarlo", o al arrancar hacia la localidad presuntamente moderna en la que vivimos pensaremos "tengo un coche de 13 años ¿cuando lo cambio? es que ya es una antigualla", o al llegar a nuestra casa y veamos un mueble de diseño sueco de hace 7 años diremos "tengo que ir al centro comercial, ya está pasada esta estantería", y ya no hablemos de cuando abramos nuestro armario y pensemos "me voy a comprar ropa, la que tengo es como mínimo de hace un año". Y en esa demostración de incoherencia seguiremos todo el día, todo el día y toda la semana, pero haciendo auténticos comentarios dignos de Paulo Coelho (léase Coello por Dios, si vuelvo a escuchar a algún presunto cultureta decir Coel-o es posible que sea procesado por cometer un delito de odio) cuando volvemos a la aldea, cuando decimos que lo viejo es lo auténtico y cuando tardamos cinco minutos en demostrar que no predicamos con el ejemplo.

Pero es así, así estamos viviendo en sociedad y así hemos de asumirlo. El usar y tirar es lo que manda, es en lo que nos movemos, es lo que en clase nos decían que era uno de los motores del "círculo virtuoso de la economía" y así nos hemos de resignar. Usa y tira, compra de nuevo y tira; y así te encontrarás con una acumulación de objetos obsolescentes dejando tu casa en un inicio de tendencia diogénica.  Y a esto nos hemos rendido, y así vivimos, y así somos.

Pero dentro de la victoria del usar y tirar solo voy a recomendar una cosa. No solo con los objetos de consumo somos usuarios, en ocasiones somos usuarios de otras personas y esas otras personas son utilizados por nosotros; y no. No. No debemos usar a las personas como un mero medio para cubrir una necesidad para luego dejarlos tirados cual envoltorio de un caramelo; si eres usurario seguramente provoques una profunda decepción en el utilizado y quizá obtengas tu objetivo a corto, pero serás una desgracia humana a medio o largo plazo. Así que, amigos artabreadores, si vais a usar a otro artabreador hablad con él en todo momento y explicar la situación, evitad daños evitables.

Y con ese párrafo incoherente, tan clásico de este chapucero bloguero, en el que pido que no se use y tire tras haberme rendido previamente a la dictadura del usar y tirar, me despido, pero ahí ya como siempre y hasta la próxima chapuza ártabra.




¡Salud!

domingo, 28 de enero de 2018

La era de los ofendidos

Desde cierto puesto de trabajo por el que pasé, se me ha pegado un comentario a soltar siempre en un momento temporal lejano al carnaval, esa frase es “ya está ahí el carnaval y no sé que ponerme”, y la mejor época para decir dicha frase es entre el miércoles de ceniza y Semana Santa. Precisamente esta frase es muy aplicable (ahora de verdad) ahora mismo, el carnaval ya está ahí y yo (casi) no sé que ponerme.

Mi relación personal con el carnaval ha sido siempre un Guadiana; cuando era pequeño me encantaba, conforme crecía dejaba de gustarme…para volver a gustarme fugazmente en algunos años de la adolescencia y volver a no gustarme hasta estar bien crecidito, donde avatares de mi vida hicieron que volviese a abrazar el vicio carnavalero…actualmente mi relación con el carnaval está en un lugar profundamente metafísico: el limbo. Pero de todos modos, mi relación personal importa básicamente lo mismo que una memez estándar de cualquier ser vivo estándar, lo que realmente me “preocupa” es el futuro del carnaval, de la fiesta del Rey Carnal, de la fiesta de lo provocador, del momento de abrazar el paganismo (en el significado más amplio de la palabra).

Y ¿por qué temo por él?, os preguntareis vosotros queridos artabreadores, pues me remito a la Era en la que vivimos, que podría ser bautizada como “La era de los ofendidos”. El año pasado, uno de los carteles que publicitaban el carnaval coruñés sacaba una caricatura (dibujada con poco detalle) de un cura (u obispo o incluso sí podría interpretarse como el propio Papa de Roma), pues bien, una bienpensante asociación lucense de viudas se sintió ofendida y denunció dicho cartel; cada uno podrá tener su opinión pero, a mi modo de ver, no abrieron una espita sino que se sumaron a la tendencia actual: todo ofende. Ese “todo ofende” lo vi por primera vez en un “meme” (esa gran aportación de Internet a la poco decadente cultura global) en la que se comparaba a unos  jóvenes de los años 40 diciendo que se marchaban a pelear a la guerra con un joven actual que solo aparecía con el ceño fruncido con la frase I AM OFFENDED; temo que es un buen resumen.

Pues en esta época de las ofensas hará unos 15 días leí una situación que, desde mi decadente y memo punto de vista, fue una oda al absurdo; la situación era la siguiente: “La serie Friends es considerada ofensiva”, usando como uno de los argumentos las bromas hacia Ross sobre homosexuales en referencia a su ex mujer lesbiana… mi reacción fue frotarme los ojos ya que, en mi época universitaria, consideré genial, muy avanzado, muy valiente y muy integrador el capítulo de Friends en el que, por primera vez, se veía en una serie de éxito mundial una boda de dos lesbianas e igualmente como se normalizaba esa situación….pero no, ahora es una serie ofensiva.

Y ese ejemplo es lo que me hace, entre otras cosas, temer por el futuro del carnaval; el año pasado fue la asociación de viudas lucenses ofensivas por una representación, presuntamente, del Papa; el año actual podría darse el caso de que la Republica Argentina solicite que la gente no se disfrace de Maradona (disfraz fácil a la par que bonito) por utilizar tópicos futbolísticos, localistas y sobre la adicción a sustancias ilegales; el año que viene es posible que la federación de payasos pase a denunciar el poco reconocimiento a su arte por rebajarlos a típico disfraz de carnaval, y si seguimos así mataremos el carnaval y solo podremos…no, no podremos hacer nada en carnaval ya que TODO podría ofender a alguna persona y por ello nos lo autoprohibiremos en esta sociedad tan presuntamente libre en la que vivimos.

Pero bueno, por suerte, al menos para los gallegos, siempre nos quedarán los cocidos, laconadas, orejas, filloas y demás. Ya que no creo que ofendan a nadie (espero).



¡Salud! (y los que queráis ¡disfrazaros!, yo aún no sé si vuelvo a mi etapa carnavalera o no)

lunes, 1 de enero de 2018

¡Vamos allá!

Pues sí queridos lectores, hoy es día uno de enero y lo típico y tópico nos pide que se haga la típica entrada de felicitar el año que hoy empieza (más si no he hecho ninguna navideña este año), nos pide que tiremos de los buenos deseos, de los buenos recuerdos, de los buenos propósitos, de lo bueno, es decir, de lo tópico.

Pero los que me conocen algo ya saben que soy un bicho raro, así que no vamos a ir por ahí. No soy una persona que aplique sus consejos, pero creo que sí los puedo dar a la gente para así poder abrazar la incoherencia más absoluta. No os voy a dar los buenos deseos que antes decía, no, os voy a decir una sola cosa para encarar lo que empieza hoy: pelead.

Pelead sí, pelad cada día por que sea el mejor de vuestros días, metas a corto plazo (pasitos de bebé, que me dijeron en una ocasión más feliz). Pelead vuestro día a día para vencer, pero tened siempre en cuenta algo; habrá días en que seáis Blas de Lezo en Cartagena, o Montgomery en África, pero en otras ocasiones acabaréis el día como Alí Pachá en Lepanto o haréis el ridículo cual si fueseis la versión humana de la Linea Maginot; tenedlo en cuenta.

Luchad cada día, pero no os olvidéis de llevar vuestro escudo para las decepciones, que son peores que los disgustos y que no las detonan las discusiones, las detonan detalles aparentemente inocentes como una marca en una puerta, un recuerdo de un museo, un rayazo en el coche, una foto dentro de un grupo de recuerdos, una taza colocada de una determinada manera, un jarrón de un determinado modelo de Ikea…ya se sabe, detalles que te abren los ojos a las situaciones evidentes y decepcionantes que no éramos capaces de ver. Contra eso llevad siempre vuestro escudo y no dejéis de pelear cada día para que en cada uno de ellos se salga lo más victorioso posible.

Peleadlo, tratad de ser mejores para vosotros mismos, no relativicéis, centraros en vuestro propio yo, sonará egoísta pero creo que es lo que uno debe ser; si uno es bueno consigo mismo eso hará que sea mejor para la gente que realmente lo aprecia, los de verdad. Ese es el consejo que da este chapucero ártabro, que a duras penas se lo va a aplicar a si mismo pero que cree que vosotros debéis aplicarlo: pelead cada día, tratad de vencer para que cuando hagáis el (ahora sí) tópico balance de fin de año podáis decir: yo he tenido más victorias que derrotas.


Y para acabar van un par de cosillas; por un lado una canción que no me pega nada, que hasta es antigua, pero que tras oírla ayer en pleno festejo navideño creo que encaja a la perfección en mi ánimo de hoy a la lucha diaria, y por otro lado para demostrar la incoherencia de los anteriores cinco párrafos: ¡Feliz año! (ya sabéis, no busquéis en mi coherencia total, eso es imposible).




¡Salud!

domingo, 17 de diciembre de 2017

Autodefensa

Los que me conocen lo saben, en determinados temas soy un bicho raro, y principalmente en los temas históricos (los que en este momento estaban esperando una disertación sobre Star Wars y sus diversos universos canónicos o no que sepan que me lo planteé, pero el miedo atroz a que alguien me destripe la nueva película me hizo envainármela con gran gallardía), es decir, que una anécdota histórica a mi me puede dar para dar el coñazo a mi interlocutor durante horas, con la consecuente cara de “pues bien” de el que me escuche.

Pues bien, y no lo digo por la cara de me importa lo mismo que el guano arrojado sobre el pacífico que suelo percibir, hoy estoy en un día que parece de calma tras la tempestad; estamos en un día de invierno galaico pero sin lluvia, estamos en el día siguiente al de ver en una improvisada caminata los efectos de cierta ciclógénesis (antes le llamábamos temporal, como ya dije en su día) sobre los verdores galaicos, de ver como algún árbol sigue titado en alguna postura equilibrista digna de algún circo superpirenáico, un día en el que parece que al sol le ha dado por salir y, por lo tanto, un día en el que uno se pone a barrenar en modo extremo.

Contado esto, y estando como estoy en unos días de no querer pensar en nada serio (so pena de catapulta), me puse a mirar al cielo azul y he visto lo soleado que estaba y ya me he planificado lo que haré en los próximos minutos: ponerme mi calzado más cómodo, un abrigo, mis gafas de sol e irme a repetir la caminata de ayer. El problema, como os dije, es que soy un bicho raro, y me he puesto a barrenar al coger las gafas de sol, y he caído en como llegan las modas a nuestros días. La moda de las gafas de sol llegó en época de post guerra (mundial), resulta que por motivos evidentes fueron un componente muy útil para los pilotos de aeronaves ya que (atención a la afirmación que el mismo Pero Grullo podría firmar) les protegían del sol, ¿qué? ¿cómo os habéis quedado?; y resulta que los pijos (perdón, ahora les llamaríamos influencers) del momento pensaron en que serían un complemento (toma palabro) de moda perfecto para lucir por el mero hecho de lucirlo. Curiosamente eso me hizo pensar otra cosa, ¿qué sentido tiene que una prenda militar croata del siglo XIX sea vestida a diario por medio mundo? ¡sí!; ¡hablo de usted señora nudo del ahorcado!, más conocida como corbata; o ¿qué sentido tiene que se vea a supuestos pacifistas vestidos con abrigos de camuflaje?...y ya esto me llevó a pensar que tras la moda del corte de pelo años 30 actualmente reinante vendrán los cascos de la IIGM adaptados a moto, o ¡vete tu a saber!. Lo curioso del tema es que esas prendas tan militares ahora no lo son y las lucen presuntos antimilitaristas... ¡cosas veredes amigo Sancho!

Y en estas divagaciones, o memeces de las mias, estoy mientras jugueteo con mis queridas gafas de sol (que ahora veo como primas hermanas de Rommel) cuando caigo en una frase que escuché en mis años de facultad, y por las que veo a mis gafas de sol como el arma (sí arma) de autodefensa definitiva; la frase fue la siguiente:

“Tienes unos ojos demasiado expresivos, con mirarlos se sabe lo que piensas”

Tras recordar esa frase, automáticamente, me pongo estas militaristas gafas, de vez en cuando hay que defenderse (aunque sea de un modo tan poco activo como con unas lentes de espejo).


¡Salud!


domingo, 10 de diciembre de 2017

Consejos doy, para mi no traigo

En días como hoy, de lo que ahora se llama ciclogénesis explosiva, de lo que yo llamé toda la vida temporal y de lo que siempre escuchaba definir a mi abuela como “esto que no llega a ser como el Hortensia” uno sigue las recomendaciones de los bienpensantes responsables de las administraciones públicas y opta por quedarse en casa.

Estando en casa uno tiene tiempo para mil cosas, pero en ocasiones la tecnología te ayuda, como me hizo a mi ayer, averiándose. Una sencilla avería, fallo o lo que sea, de la tele hace que puedas pasarte la tarde alimentando el alma con aquello que nunca te falla, los libros, un poco de lectura; y para esas ocasiones casi me arriesgo a hacer una recomendación, sumergíos una vez al mes en una librería y dejad que un libro os llame. Pasead por los pasillos, revolved los estantes, observad como el librero de turno se acerca a ti para ver si ese chungo calvo con barba (al menos en mi caso) va a comprar o simplemente es un ser vivo a desterrar de su librería y, finalmente, compraos el libro en cuestión.

Llegad a casa y leedlo, no seáis una víctima de twitter, leed para poder crear criterio propio. Es algo que en la época de las ciclogénesis, de las hojas de ruta, de las implementaciones (y no de temporales, planes o aplicar algo) es tan novedoso que a veces uno se sorprende cuando una persona habla sin necesidad de tener que leer antes a su tuitero de referencia, a su partido de referencia o prestar atención a la chorrada pseudomoderna que mas se critique.

Como veis esta publicación de hoy es un híbrido entre ponerse en modo apóstol, crear un lamentable libro de autoayuda, autoayudarme yo en lo que sería un abrazo onanista a la ayuda o bien soltar pedanterías que me entronquen con las chorradas pseudomodernas de las que hablaba antes.

En resumen lo que pido es algo de autenticidad, poder olvidarnos de “comprar” paquetes ideológicos y arriesgarse a ser uno mismo; y os lo dice alguien cuyo escudo de armas podría titularse “Consejos doy, para mi no traigo”.

En resumen, y ya repitiéndome cual tortilla con cebolla, (sí, soy anticebolla en la guerra entre cebollistas y anticebolla) sed, por mucho que os cueste, vosotros mismos y haced un esfuerzo titánico en una cosa; si dais vuestra palabra, cumplid con ella, cumplirla. Cuesta, lo sé.

¡Salud!





P.D. y para rematarlo, en este momento tan señalado, pongo mi canción de ayuda a mi mismo atemporal.


viernes, 1 de diciembre de 2017

Pragmatismo sapiens

Estaba hace unos días en cierta cervecería cercana a Cuatro Caminos, los ártabros en general (y los coruñeses en particular) sabrán a cual me refiero, con un amigo y, como bien sabido es, la capacidad para solucionar los problemas universales y la de divagar sobre temas profundamente existenciales se dispara de modo exponencial cuando visitamos, consumimos y nos atrincheramos en este tipo de locales. Tras una serie de discusiones filosóficas, es decir, futbolísticas, ya caímos en temas prácticamente metafísicos. Y cuando un par de gallegos se ponen en ese “modo” es mejor sentarse, escuchar, oír, mirar e incluso ver.

El tema en cuestión lo sacó mi interlocutor, y se puede resumir en su planeamiento inicial:

-         Machiño, no hay quien pueda con la gente.

Y estaba todo encuadrado dentro de cómo es la gente, en el día a día, cómo el egoísmo mandaba, cómo todo el mundo miraba únicamente por sus “posaderas” independientemente del tema en cuestión.

Me hablaba mi amigo de clientes, de conocidos propios, de conocidos comunes, de familiares, de vecinos; y a cada frase que decía yo me sorprendía, veía que realmente era así, que igualmente yo no podía más que ver esa actitud (e incluso empecé a verlo, para mi sorpresa, como una aptitud para algunas personas). El planteamiento es sencillo, en los últimos tiempos parece haberse disparado el efecto “Harvey dos caras”, que le llamo yo, el intento (y logro) masivo de dar una imagen de bondad cuasi santa de cara  a la galería mientras que, en la realidad, lo único que se busca es salvar los propios muebles y mirar por el propio interés.

Realmente no es una actitud censurable, me paré a pensar, la gente en la realidad no es “Harvey”, la gente en la realidad es simplemente pragmática, no realmente mala. No descarta la ayuda al vecino pero, si no lo consigue, pues se centra en uno mismo y eso ¿es censurable?, en ocasiones podemos pensar que sí por miopía, pero con perspectiva no sé hasta qué punto podríamos ponernos, como un día me dijeron mientras me sacaban una de las más felices sonrisas que he tenido, igual que los sims cuando les ardía su casa.

Ante este pensamiento me dispuse a discutir con mi amigo, a plantearle que la gente simplemente es pragmática; que no es maldad, sino que es reducción de daños, pero desistí. Preferí quedar de bonachón, de iluso, de tonto, de una mezcla de todo ello y (aprovechando que estaba en esa cervecería) levanté mi mano mirando al camarero mientras mostraba mis dedos índice y corazón. Raudo y veloz el camarero apareció donde estábamos y nos puso dos cañas, ante lo cual le dije a mi amigo:

- ¿Cómo puedes rajar de un mundo donde te ponen con esta rapidez dos cañas?

Empezamos a reír y volvimos a divagar sobre profundos temas filosóficos, es decir, sobre los porteros del Deportivo.


¡Salud!